sábado, 6 de junio de 2009

La forma de escapar

Carlos y yo teníamos preparado ese golpe desde hacía ya mucho tiempo.
Queríamos vengarnos de aquella maldita empresa de construcción que nos lo quitó todo haría unos años.
Nos enteramos de que tenían una nueva obra en mente. Un centro comercial. Y decidimos colarnos y robarles lo que buenamente pudieramos pillar.
Era más una forma de molestar que una intención de robo o de crear problemas económicamente.
Los primeros días nos fue bien, nos gustaba el hecho de ver a la gente sorprendida y confusa por la falta de material.
Así que dedicimos seguir yendo todo el tiempo que durase la obra. Pero el décimo día todo cambió.
Un capataz nos pilló y salió corriendo detrás nuestra.
Nosotros intentamos escapar, pero las ultimas plantas aun estaban en obras y el camino se nos cortaba cada dos por tres.
Conseguí despistar a mi perseguidor y bajé a las plantas de abajo que estaban casi completas.
Allí me encontré a una chica.
Iba bien vestida, no tenía pinta de tener nada que ver con la obra.
Le conté todo lo que pasaba y me ofreció un buen escondite.
Bajamos a un baño, practicamente completo, que estaba bajando unas escaleras en el piso más bajo de todos. Ella parecía conocer bien los entresijos de aquel sitio. Empezó a apoyar las manos por las paredes y, para mi sorpresa, en una pared en la que había como una gran maceta de piedra, el mecanismo giraba dejando un agujero.
No me servía de mucho, no cabía más de un gato allí. Pero ella siguió apoyando sus manos en el suelo y.. ¡Bingo! el suelo se abrió dejando hueco suficiente para el escondite de una persona.
Confié en ella.
Intenté doblarme sobre mi misma y entrar ahí, en el agujero.
Pero era imposible, no podía.
Ella me animaba, me decía que tal vez doblándome un poco más pudiera hacerlo.

La vi levantarse y caminar hacia la puerta del baño. Allí estaban el capataz y otro hobmre que no parecía tener nada que ver con una obra. Ese traje tan caro hablaba por él.
Ella me dejó allí, indefensa, casi sin poder moverme, como cuando matan a un conejo para comer.
Oí el primer disparo.
Intenté escabullirme entre cualquier cosa que pudiera esconderme. Encontré una baldosa suelta y se la tiré.
El arma cayó y pude cogerla entre la confusión de unos y otros.

Con ella en las manos me puse a pensar en por qué semejante tontería había acabado tan mal. ¿Realmente merecía ser disparada por robar unos cuantos ladrillos? Era de locos.

Me puse la pistola en la sien pensando en si de verdad ellos estaban allí. Sentí el frio metal contra mi sien y vi sus caras de asombro, como si todo esto hubiera ido demasiado lejos.
Sonreí y disparé.

Noté como caía contra el suelo con la suavidad de una pluma, lentamente, ni siquiera me hice daño al caer y mi sonrisa cada vez era más amplia, y la calma me corría por las venas. Lentamente. Todo pasaba lentamente.

3 comentarios:

Sphynx Red dijo...

¿Cuántas veces te has muerto ya??

la chica de los regalices dijo...

ay madre!! que fuerte, no pensaba yo que fuera para tanto pero esto ha acabado realmente mal!! un beso!!^^

mary de belle dijo...

que titulo¡¡ para que final¡¡, imprescindible... aparente caos trivial para un final despampanante.. me encanto el blog¡¡ suerte chica