lunes, 6 de abril de 2009

Compartiendo escena (la historia de cómo me enteré)

Sara llevaba tiempo ingresada en el ala psiquiátrica de un hospital de la ciudad. Paranoias visuales.
Le empezaron hacía ya unos meses cuando trabajaba de asistente social y se vio envuelta en problemas con una familia conflictiva, su cerebro no lo soportó e hizo "clik".
Según Sara, ella veía personas con pinta elegante, con trajes de colores oscuros y neutros, ojos brillantes y claros, que intentaban llevársela con ellos.
Durante el tiempo que estuvo en el hospital consiguió la paz que no le había acompañado en esas insufribles últimas semanas. Vivía sola, así que dio mil gracias a que sus vecinos fueran de todo menos discretos y diesen la voz de alarma.
Pero tras unos meses de paz Sara enfermó. Algo vírico. Nadie se explicaba como había podido pasar eso en un hospital, así que llamaron al mejor especialista para que la tratase.
Encontró una enfermedad latente, de periodo de incubación largo, pero no se quedó del todo contento. Siguió pensando que, seguramente, sus alucinaciones venían dadas también por algún tipo de trastorno físico, pero no le dejaron seguir investigando.
Yo me enteré de todo esto unos días después, el doctor y yo vivíamos en la misma urbanización.
Aquel día nos habíamos acercado a una zona más o menos moderna de la urbanización, yo, para hacerle fotos a algunas de las hijas de las vecinas que querían hacerse un book, la señora Remedios, para hacer una patrulla (no llevaba nada bien haberse jubilado de su puesto de policía) y el doctor, supongo, que para pasear (al final Reme le convenció y le dio una pistola de aire comprimido para patrullar como si de jugar al airsoft se tratara, sí, como niños).
En un momento en que todos estuvimos sentados en un banco, el doctor nos lo contó.
Me quedé mucho rato pensando en Sara y en si, de verdad, el doctor pudiese curarla del todo. ¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no le dejaban?
Algo sonó, como un disparo, supuse que eran las pistolas de aire comprimido, hasta que Reme empezó a sangrar por la pierna y se hizo un gran revuelo. Antes de que pudiera darme cuenta se la estaban llevando en una ambulancia.
El doctor y yo seguíamos en el banco mirando al infinito sin saber muy bien que había pasado y entonces me dijo:

- ¿Has visto alguna vez ese programa en que la gente canta y, entonces, alguien se mete en medio para hacer la crítica y le quita la escena?-
- Sí, pero, no le quita la escena. La comparten -
- La... comparten... -

Se marchó sin decir nada más, pensando en a saber qué y allí me dejó sola.

No pude dejar de darle vueltas a todo el asunto durante la noche, así que al día siguiente fui a ver al doctor en su hora libre en el hospital, para que me dijera qué había pasado por su cabeza la tarde anterior y entonces vi algo que me sorprendió.
En los ascensores se cruzaron dos pacientes. Al ver a una de ellas, supe que era Sara, la otra, era una joven mujer negra. Ésta le dijo a Sara:

- Tienes un tumor, el hpv11, mi agente de la condicional lo tenía y veía exactamente lo mismo que tú -

Sara respondió con un gracias a medias y con un gesto roto siguió siendo arrastrada por su enfermera particular.

2 comentarios:

Hellion dijo...

a veces , no sé quien está peor , los que están en el manicomio o los que estamos afuera de el , buen relato saludoss.

Fidel dijo...

Quiza estemos peor los que estamos fuera pero deberíamos estar dentro