miércoles, 1 de octubre de 2008

Misterio

Cuelga su capa sobre el humo de un cigarro. De lejos, se oyen los tacones.
Camina firme, de rostro afilado y tez rosada, cabello dorado... toda una dama.

Él mira directamente a sus ojos, está seguro, el suelo se hizo para sostenerle a él, únicamente a él. Y lo sabía.

No osaron dar nombres ¡Nunca! Por qué poner límites verbales a algo tan mágico, tan animal. Debes saber que conoceré siempre tus gruñidos, tus gemidos, tus alientos... no vale la pena ponerte un collar, siempre has sido fiera.

Dos besos de presentación es escusa para olerse, para intuirse, para dejar que se roce la piel tan suavemente... suavemente me mata... suavemente.
Delirio obsesivo.

Párteme en dos si es que te atreves. Valiente. (Valiente).

La piel de las rodillas se quema en las paredes y caen las envolturas. Vanales.
Fuegos artificiales.

Amenaza con nacer la mañana sobre un par de cuerpos desnudos, sin vida aparente, sin mención de amor, de honor.
Cada lágrima que no se derramó quema, se siente. Pero ellos ni son nada, ni son dos.

1 comentario:

No pienso darle mi nombre a una máquina dijo...

Como siempre, genial. Lo mucho que describes con dos palabras demuestra que estás desperdiciando tu talento.